No asumir. Rechazar.
Destruir a las madres.
¿No pensaron ni un momento
en todos sus hijos creciendo
bajo el azul apocalíptico
de un cielo sin luna?
¿Su legado, un suspiro,
y nuestra herencia, la carga?
El pan mojado desmenuzándose en sus bocas
como la rodilla herida hundiéndose
en el barro.
Esa sangre como descendencia.
¿No les escuece el desgarro del sacrificio
arrojar luz en un mundo oscuro,
convertir nuestros cuerpos
en las grietas ciegas de una tierra que esclaviza?
¿Cómo crear sin imponer vida?
¿Cómo vivir en libertad si nadie escoge nacer?
La elección de no engendrar, entonces,
devuelve albeldrío y resistencia a mi cuerpo.
Y a ti, que te quise
y te quiero sin existir,
te hace un poco más libre
desconocer
el espacio de pensamiento,
el peso en el vacío
que en mi existencia
ocupas.
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