domingo, 16 de marzo de 2025
El fango
Convertirse en fango. Dejar pasar el tiempo por llegar demasiado pronto al lugar que te prometiste. Asentir al interlocutor, absorta en el silencio de su mirada, como un charco que refleja el agua estancada de una alberca. Quisieras nadar en su iris, tan oscuro como las noches que ya sólo quedan en las profundidades de las sierras. Sientes un ahora viscoso y frío recubriéndote la piel como el metal de las cárceles. Porque parece que se ha hecho tarde para todo. Para decir algo nuevo, para sacudirte la suciedad acumulada, una segunda piel que nunca se muda. A pesar de que la lluvia no cese o un rayo te atraviese y te empape el alma de electricidad. La suciedad siempre impregna tus huesos como las cáscaras amargas a las naranjas atrasadas de marzo. Porque llegaste pronto al lugar que no existe y confundiste el deseo con la impaciencia. La vocación con el barro. La escultura con el cuerpo. Tu boca, llena de tierra, escupiendo una tristeza inmóvil. Tu voz, una densa arcilla, un presente sin arjé con el que se ha hecho demasiado tarde para pronunciar un lugar, para esculpir en arena el futuro que no deja de suceder.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)