lunes, 21 de julio de 2025

Escrito del 11 de febrero de 2025

El instante entre la toma de la decisión y su ejecución. Los minutos en los que sabes cómo actuarás irrevocablemente pero, a la espera de ese momento, tu imaginación se proyecta en la(s) otra(s) opcion(es) verosímiles, las construyes nítidamente y proyectas tu otro yo en una escena onírica imposible. En el instante entre la toma y la ejecución de la decisión, te has puesto a escribir sentada sobre el escritorio con los pies descalzos a pesar de que el suelo de mármol está frío. Paras, te asomas a la ventana. Hay niños gritando en la calle que te ponen nerviosa y corres la cortina aunque pierdes una luz necesaria. En esa espera a que llegue la ejecución de tu decisión, vives en dos futuros aún igual de posibles que de irreales que no se rozan, pero se nutren recíprocamente. Te levantas a hacerte un té caliente porque es invierno y hace frío. Y piensas en que si pudieras prolongar la espera, podrías siempre tener la opción de no arrancar un futuro para sembrar el otro. Sientes que desde que naciste la vida se va estrechando, que el presente es demasiado estrecho, que el tiempo te ahoga y no puedes escribir todo lo que la mente silba al unísono, se escapan los futuros mientras tú esperas ejecutar tu decisión. Y mientras escribes esto, no estás escribiendo otras cosas que has decidido no pronunciar en voz alta como, por ejemplo, por qué aquel chico te miraba desde el otro lado del cristal de la pastelería con los ojos de sal, profundos, como vidrios rotos, si él habría reconocido tu soledad porque él también se siente solo; o la desnudez de los naranjos escamochados que se llenarán de azahar en pocos meses haciéndote llorar a ti también. Y en todo ese tiempo tan estrecho de presente han nacido y muerto demasiadas personas en el mundo como para que ni siquiera puedas tomar conciencia de tu decisión. En todo este tiempo tan angosto, mientras tú escribías estas líneas, mientras pensabas y no pensabas en otras cosas sobre las que decidiste no escribir como por qué ser alta es ser excesiva o por qué detestas a Rupi Kaurr, sueltas el bolígrafo como gesto de rendición y te levantas. Coges el teléfono agotando el presente y aproximándote a ese futuro que te pertenece solamente a ti. Marcas el número de teléfono con convicción, una voz desde el otro lado descuelga tímidamente. "¿Si?". "Hola, Carlos. Lo he estado pensando. He decidido que no quiero tenerlo."

 Quisiera escribir 

para que la palabra sobreviviese.

para trascender mi cuerpo, que no puede decirse. 

Cuánto ocupa toda palabra que alguna vez escribí. Esculpiría sobre mis piernas cada una de sus letras. Quedaría un lunar para un poema más. Sumar palabra, restar pensamiento. Mirar el cielo como si perteneciéramos a algún meteoro remoto que aún brilla. Y llamar casa a algún astro extinto. Y decir tu nombre como la palabra que faltaba en mi cuerpo.

Quisiera que la palabra que escribo durara la eternidad de lo que no puede pronunciarse

Y que su espacio se dilatara, más allá de nuestros abrazos de árboles ya crecidos, 

lanzarla al universo que no conoceré, que la recogieras, en otro tiempo, en otro lugar, distante, distinto

 que, a pesar de todo, la palabra sobreviviese. Y que al escucharla, tú la reconocieras. 

domingo, 20 de julio de 2025

Solo

 

La música que con la te encuentras inesperadamente  un imprevisto que se filtra en tu vida. Un sonido a veces olvidado pero necesario para recordarte. Escuché este tema de André Geraissati el año pasado de casualidad en la radio, mientras volvía a casa del trabajo. El disco al completo, Solo, me parece maravilloso. Lo he recuperado esta noche en la que, como es costumbre, me cuesta dormir.

jueves, 17 de julio de 2025

No asumir. Rechazar.

Destruir a las madres.

¿No pensaron ni un momento 

en todos sus hijos creciendo

bajo el azul apocalíptico 

 de un cielo sin luna?

¿Su legado, un suspiro,

y nuestra herencia, la carga?

El pan mojado desmenuzándose en sus bocas

como la rodilla herida hundiéndose

en el barro.

Esa sangre como descendencia.

¿No les escuece el desgarro del sacrificio 

arrojar luz en un mundo oscuro,

convertir nuestros cuerpos

en las grietas ciegas de una tierra que esclaviza?

¿Cómo crear sin imponer vida? 

¿Cómo vivir en libertad si nadie escoge nacer?

La elección de no engendrar, entonces,

devuelve albeldrío y resistencia a mi cuerpo.

Y a ti, que te quise

y te quiero sin existir,

te hace un poco más libre

desconocer

el espacio de pensamiento,

el peso en el vacío 

que en mi existencia

ocupas.