A la música le proceso, como bien he titulado esta entrada, un amor desordenado, desorbitado e inmesurable. Hace unos días estuve de visita en Sevilla, y siempre que voy aprovecho para dar paseos y ver tiendas de discos. Si algo le echo en cara a Córdoba es la falta tan visible de este tipo de establecimientos. Sobre todo para mí, que puedo pasarme las horas muertas dentro de uno sin percatarme; los siento como lugares totalmente diacrónicos. Entre tantos lps me topé con dos ofertas que me llevé a casa: Stories from the city, stories from the sea de Pj Harvey y el veterano y venerado Unplugged de Nirvana.
El primero me lo compré porque, además de ser uno de los lps que más me gustan de PJ Harvey, es un disco muy optimista y me sirve como flotador intangible en estos momentos. Ayer escuchándolo me convencí de que Harvey debió componerlo estando en una cúspide de felicidad o mientras estaba sumida en un profundo proceso de enamoramiento. Lo haya buscado o no, no deja de transmitir positivismo a lo largo y ancho de las canciones.
Y el Unplugged de Nirvana, bueno, era simplemente una obligación pendiente. Yo, que vengo del grunge y que con el paso de los años he abierto mis tendencias musicales en el rock y más allá de él, como todo hijo pródigo necesito volver al hogar de vez en cuando y reconciliarme con la familia. Para saber la dirección que se desea seguir nunca está de más volver a las raíces y sentarse un rato a reflexionar.
La conclusión de lo anterior se resumiría en: Raíces y Positivismo. Y una vez en esa situación... sólo tienes que coger carrerilla. Eso espero hacer también poco a poco con este blog. Amén.