lunes, 4 de septiembre de 2023

Sobre la ternura

¿Por qué deberíamos conocer el límite propio? La vida es un continuo acontecer que cambia las coordenadas de nuestros límites. Cada relación, cada modo de estar en el mundo está resituando los limites posibles del yo. Cuando nos emocionamos, cuando nos sentimos tiernas, nuestros límites están adquiriendo nuevos horizontes, algo se amplia del yo hacia fuera. No está claro el límite cuando se sienten emociones. Lo emocional transgrede los límites de la piel y camina hacia una sensibilidad expansiva. De manera antagónica, el cuerpo se encoge ante la incapacidad de emocionarse, se endurece bajo una corteza endémica, individual y privativa. La ternura como forma de emoción extiende y enriquece el cuerpo como territorio hacia espacios desconocidos aún por significar.

Cuando nos enamoramos vivimos una ampliación de nuestro límite, la narrativa del yo se amplía hacia la otra que entra en nuestro espacio de forma nueva, el límite es transgredido por la emoción del eros, dilatando el yo conocido.

La ternura puede entenderse entonces como la carencia de firmeza; porque un cuerpo habitado por la ternura está abierto al encuentro con otro cuerpo y otra realidad que va a transgredir sus límites. Es, por tanto, un motor de transformación de la identidad del yo hacia nuevos espacios. Y es ahí, en ese desdibujar nuestras líneas para abrazar al otro, donde reside la belleza de la ternura.


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