Derramé toda mi rabia sobre la acequia, las lágrimas pesaban en los ojos como el cadáver del río seco.
"Si fueras realmente inteligente, no malgastarías tu tiempo en
reflexionar sobre algo que no quieres elegir", me dije.
Pero permanecí allí, entre matorrales y jaramagos, mientras las nubes se atascaban sobre las montañas. Me vacié hasta que no quedara más que llorar adentro y el agua lo arrastrara todo consigo.
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