sábado, 4 de abril de 2026
Anything could happen: New Zealander company to a beloved friend
Los días previos, los días últimos. La puerta del quirófano como la entrada a otra dimensión. Y antes de cruzarla te sientes vencida y todo te da igual, en otras te invade el miedo y quieres correr, paralizada, hacia ningún lugar. A veces incluso puedes llegar a sentir un valor que escuece, una rabia muda que sólo chilla a través de esos viejos amigos, tus dolores somáticos. En todo ese vaivén de emociones siempre hay una canción que te salva. Ayer te cortaste el pelo y me dijiste que parecía que la angustia pesaba menos. Te busqué una canción que había escuchado de The Clean, otra vez mi querencia por músicos de las antípodas. Y te gustó, y la letra hablaba de lo que tenías que decirte a ti misma, eso sentiste. Te conozco y sé que el miedo nunca puede invadirte por completo y siempre hay música a la que uno se agarra como al resto de un naufragio que no se hunde por completo. Lejos de ser unos versos de un libro de autoayuda, las palabras del estribillo son los vestigios de una supervivencia que se yerguen entre las tumbas de los cementerios, entre las grúas apisonando los escombros que aparecen en el videoclip. Entre las ruinas, con la mirada desafiante, se puede cantar “anything could happen and it could be right now and the choice is yours to make it worthwhile”; se puede dar un golpetazo sobre la mesa, darte un bofetón en la cara para que la realidad te zarandee y te digas a ti misma “el tiempo es demasiado escaso para vivir teniendo miedo todo el rato”.
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