lunes, 25 de noviembre de 2024

All our gods have abandoned us

Me enseñaron a amar un monstruo. A un aliento invisible que arrancaba, pétalo a pétalo, la alegría de las margaritas del suelo árido. Mientras, con sigilo, desconchaba la cal superviviente en las fachadas de las casas del pueblo. El blanco y la infancia se desmenuzaban al mismo tiempo sin conocerse.

Ahora, sin embargo, las creencias han muerto. Porque todos nuestros dioses nos han abandonado. El tiempo ha demolido sus estatuas frías de mármol. La verdad desarraigó mi fe.

Yo, con el viento de diciembre ululando desengaño, me tumbaré sobre sus cabezas decapitadas y mi peso ahogará su suerte. Aun con mi cuerpo manchado de sangre de cuna, abrazaré las ruinas que las bestias a las que quise creyeron legarte. Y construiré un presente justo. Acariciaré los surcos de quien, cada noche, dibujó grietas de dolor en tu frente. Defenderé la alegría como el espacio sagrado que quisieron robarte. Extirparé las raíces descompuestas de la estirpe. Plantaré, con lágrimas de entusiasmo vencido, las margaritas en las campiñas del sur que quisieron arrebatarte.Y gritaré con la rabia de generaciones silenciadas bajo las tumbas blancas. Gritaré hasta que retumbe el mármol sordo de sus lápidas.

Y lloraré hasta que mis ojos se sequen bajo esta luz ciega y sobre esta tierra resquebrajada, yerma, que nos vio nacer.



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