miércoles, 21 de febrero de 2024

Poema rescatado (septiembre 2018)

De tu pecho se abrió el silencio.

Las naranjas amargas de las calles caen al suelo sin ruido,

huecas como ecos sin zumo.

Solo las polillas desorientadas pronuncian un rastro

alrededor de una luz amarilla.

Vuelan surcando el aire de esta casa.

Mis ojos trepan hacia ellas

como la hiedra abrazada a una esperanza en el techo.

Devoran mi alma, yo respiro tu cuerpo,

isla de tierra sin pausa.

Desgajo una naranja, afuera cantan los grillos.

Sobrevive una polilla en el borde de la lámpara

y la casa se alimenta de la luz que la sepulta.

Vivimos incompletos, morimos irresueltos.

Los grillos cantan

mientras la muerte se levanta de su lecho.

La polilla resuena contra la lámpara,

choca contra el cristal formando destellos.

Morimos irresueltos, pero tu cuerpo es una isla.

De tu camisa desabrochada,

se asoma otro paisaje:

el ala rota del ángel,

la mitad que heredé de mi padre,

el poema que cicatrizara el alma.

El aleteo se hizo lumbre

y de tu pecho se abrió el silencio.

Ahora, desnuda, hurgo en la polilla,

en la quietud irresuelta que anida en su sombra.

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