jueves, 30 de junio de 2022
Frágil. No tocar
No quiero pensar en el vacío que dejan las cosas que no llegan a materializarse, ese vacío es el peor que existe, es la sombra de una mueca pegajosa y descompuesta. La esperanza parece un juguete roto entonces, yo con un juguete roto que intento arreglar pero al que le faltan piezas. Hay un vacío en esta parte, en este cuerpo ¿lo reconoces? Aquí debería colocar una parte que no está en la caja, la he buscado por todas partes. Pero no está. Y ese vacío se clava en la piel como la marca honda del golpe que no recibiste, del moratón de cuando no te caíste en el parque de tu infancia. ¿Cómo se cura algo que se anhela tanto? Voy a rechazar esa pieza del puzle, porque me retumba dentro como una piedra precipitándose en un pozo hondo, profundo. Inabarcable. Voy a rechazar a Dios entonces, a decirle que no fue y nunca será mi pieza, que siento ganas de llorar a veces porque han muerto personas a la que añoro y forman parte de ese vacío, lo seguirán haciendo, aunque los vea sonriendo inmóviles en las fotografías del salón. Y escuece la imagen, pero la comida está fría. Y en la tele dicen que España debe invertir más en defensa y yo no sé de qué hay que defenderse, pero los hombres en traje dicen que el mundo es peligroso y yo tengo miedo por otras cosas y esos señores quieren que tenga miedo y no sé de quién. Quizás ellos añoran un todo amenazante. Lo único que sé hoy es que tengo miedo de que ese vacío se convierta en algo cada vez más inmenso y crezca como un hongo sin permiso, un agujero negro, una herida invisible y áspera que nos desgaste la vida . Los señores de la OTAN me dan rabia y nos tratan como a trozos de carne, llaman a la puerta de un vacío desde mi televisor que no escucha a nada ni a nadie, por eso los apago, como la luz al dormir, como a Dios, como a la pieza ausente.
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