donde a la memoria de las raíces
las riegue un sol puro,
y el fruto que sea yo persista
a la leña antigua,
al humo quemado de la infancia.
Guerrera sin lanza y con pecho ardiendo,
abre fuego la palabra:
Sea yo el rayo que me atraviesa,
ayer, hoy, mañana,
el péndulo y su centro
en cualquier trozo de tierra.
Sea yo las hermanas reposo y fuerza
habitando
cualquier piedra sobre la vida.
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