lunes, 15 de febrero de 2021

Hoy toca examen de conciencia. Hoy es el día en el que sopesamos todos los acontecimientos que se dieron cita en nuestra vida en el 2012 y se nos saltan las lágrimas (de cocodrilo, de plástico o de un océano inmenso), se nos escapa una carcajada, esbozamos una sonrisa o puede que nos inunde la ira. Emociones hay de todos los colores y gustos, para servirte a tu gusto y llevártelas a casa envueltas y con olor a los anuncios de perfume (que son tan sofisticados y elegantes que huelen por sí mismos, no preciso de un frasco de prueba). Para mí este ha sido un año convulso, de tránsito en muchas esferas. Me he quedado en el mundo sin una columna vertebral (he aprendido de ese hecho más que de cualquier otra cosa en esta vida)y he acabado con un título de Licenciada bajo el brazo (no sé qué tipo de validez o uso puede dársele en un país como este, pero al menos, en un primer estadio, evoca una cierta satisfacción y realización personal). Por si fuera poco, he empezado una nueva vida en otra ciudad, estudiando algo que verdaderamente me llena. Por otra parte, me he reencontrado con personas que me han hecho recordar que, a pesar de las adversidades, merece la pena desenvainar la espada, apretar la mandíbula con ahínco y pelear como vikingos por nuestra voluntad. Y es así como he conseguido la felicidad este año. Y es como pienso seguir haciéndolo el año que viene y todos los que me queden por vivir.


                                                                                                                            31 de diciembre de 2012


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